Volví a casa después de un cumpleaños. Habíamos estado de cañas desde mediodía y terminamos todos en un karaoke de mala muerte haciendo el ganso. Poco a poco la gente se empezó a rajar y me ví obligada a marcharme a casa en contra de mi voluntad. Sin sueño y aburrida terminé por encender el pc y hacer algo que hacía mucho tiempo que no hacía y considero una actividad de alto riesgo: meterme en un chat.
Me metí en la cabina telefónica, me enfundé el traje de Hormiga y la pantalla empezó a llenarse de ventanitas, que como bien sabéis, requieren organización:
- Las ventanas con un nick cerdo, guarro, soez, explícitamente sexual o que incluyan la palabra "cam" = DELETE.
- Las ventanas con un nick que incluya "fem" o "masc" = DELETE.
- Las ventanas que me pregunten a la primera de cambio cómo soy, DELETE.
- Las ventanas con un "ola wapa", o "k tl", DELETE.
- Las ventanas con nicks tipo "te_busco_a_ti" o "dos_rosas_se _enamoran", DELETE.
¿Y qué quedaba entonces? Pues poca cosa la verdad, pero mi insomnio era tal que ahí seguía, cerrando ventanas y consiguiendo mantener alguna conversación que otra que tampoco iban muy allá.
A pesar de que soy consciente de que en un chat puedes hacer, decir, inventar, lo que te de la gana, y cuando te hartes hacer un DELETE, las veces que he entrado no he mentido, y generalmente me ha dado como vergüencilla abrir ventanas a la gente, dejando casi siempre que me pinchasen a mí.
Cansada de conversaciones insulsas y estándar, decidí dar un repaso a la lista de nicks y si me llamaba alguno la atención lo intentaría, y si no abortaría la operación chat.
Su nick solo informaba de su procedencia y su edad, y quizás lo aséptico del asunto me invitó a saludar. Todo fluía desde el primer intercambio de palabras, y aunque siempre precavida (porque todas las lesbianas tienen altas posibilidades de parecer normales en un chat y luego resultar que están locas de atar) ella parecía una persona normal, es más, interesante y divertida.El tiempo pasaba y yo cerraba ventanas y ventanas, para quedarme solo con la suya, ¿para qué más?.
¿Así que profe? Por fin podía quejarme de mi trabajo sin que nadie me dijese aquello de "no protestes que tenéis muchas vacaciones". ¿Y juegas al pádel? Voy a llorar de emoción.
El chat se colgaba cada dos por tres, y con la excusa le digo si me da su mesenger (ya sabéis, es el paso siguiente, jaja!) Le costó lo suyo porque no se vendía barato, ya que lo de dar el mesenger por ahí a cualquiera a veces luego puede ser un coñazo, pero terminé por convencerla. Ve mi foto, veo la suya, y seguimos rajando mientras la noche empieza a ser madrugada.
El morro que puede parecer que tengo desparece de un plumazo cuando tengo cara a cara la primera vez a alguien, incluso si se trata de hablar por teléfono. Pasadas muchas horas, me propone el siguiente paso, ya sabéis... ¿y si te llamo? Mi NO es un NO tajante, porque insisto que me da mucha vergüenza, y para salir del lío en el que me pretende meter, le ofrezco un trato tipo el "un, dos, tres", y es el siguiente.
Tengo un "regalito" para ella, si lo quiere, evitamos lo de la llamada, si por el contrario prefiere la llamada, se queda sin regalo. Parece un buen truco eh? Pues termina consiguiendo el regalo (que es poder cotillear mi blog a sus anchas) y encima terminamos hablando por teléfono. Me ha timado y no sé cómo lo ha hecho.
Ahora el tiempo pasa con el teléfono en la oreja, me gusta la sensación de confianza que transmite, y tiene una voz que invita a imaginar.
Entonces, ¿te atreves a quedar? De acuerdo, mañana mismo me va bien. ¿Llevarás un clavel en la solapa o nos reconocemos a ojo?
Y la vi venir de lejos, sonriéndome.
Y de nuevo, hasta aquí puedo leer.
Y de nuevo, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia...